Las plantas en macetas forman parte de la vida diaria de millones de personas. Están presentes en ventanas, patios, balcones, terrazas e interiores donde “algo verde” se percibe como una buena idea: aporta bienestar y mejora la calidad del entorno.
No obstante, también constituyen uno de los escenarios más habituales de frustración cuando se habla de la jardinería: plantas que no florecen, hojas que se caen, riegos que parecen insuficientes o, de pronto, resultan excesivos. ¿Qué es lo que sucede?
El punto de partida: el sitio antes que la planta
En la práctica cotidiana, suele pensarse primero en la planta —la que gusta— y luego en dónde ubicarla. Sin embargo, el punto de partida más eficiente es el espacio disponible y las condiciones climáticas que ese sitio ofrece.
Esto no les gusta a los autoritarios
El ejercicio del periodismo profesional y crítico es un pilar fundamental de la democracia. Por eso molesta a quienes creen ser los dueños de la verdad.
Este enfoque permite reducir errores frecuentes al comprender que la maceta es un ecosistema limitado, en el que cada decisión impacta directamente en el crecimiento y desarrollo de la planta.
Ambiente: luz natural y microclima
Una vez determinado el lugar en el cual se ubicará la maceta, es fundamental observar sus condiciones ambientales. La luz natural y el microclima son los dos factores fundamentales que determinan qué especies podrán vivir bien.
Luz natural según la especie
Es necesario definir si el espacio recibe sol directo, media sombra —por ejemplo, bajo una galería bien iluminada— o sombra. Asimismo, si en determinadas horas del día tiene pleno sol y luego, media sombra.
Las plantas de interior merecen un párrafo especial. En general, podría decirse que las especies con flores vistosas crecen mejor con abundante luz natural, pero sin sol directo. Es el caso de la orquídea phalaenopsis (Phalaenopsis sp.). Por su parte, las plantas que lucen follajes verdes como principal atractivo suelen ser las que mejor se adaptan a espacios más oscuros, como la zamioculca (Zamioculcas zamiifolia).
Microclima: un factor decisivo
El microclima —variables como el viento, la humedad y la temperatura— influye directamente en el crecimiento de las plantas. Es frecuente que un ejemplar no prospere en un sector del balcón, pero sí en otro. En muchos casos, mover la planta de lugar resulta suficiente para mejorar su estado.
Elección de las plantas para macetas: conocer el tamaño adulto
Definidas las condiciones del sito en donde estará la planta, la elección de la especie se vuelve más certera. Comúnmente, salvo los árboles medianos y los grandes, la mayoría de las plantas puede cultivarse en macetas. Hay que observar que el tamaño del recipiente sea proporcional a las necesidades del ejemplar en ese momento.
A medida que crece, podrá trasladarse a una maceta más grande o, eventualmente, al suelo como ubicación definitiva. Pensar el tamaño del ejemplar adulto desde el inicio evita trabajo adicional y situaciones de estrés para la planta.
Cómo elegir las macetas: tamaño, material y color
Con la planta ya definida, llega el momento de elegir la maceta, un elemento que cumple un rol funcional además de estético. Por esta razón, lo primero que hay que verificar es que cuente con suficientes orificios de drenaje: en recipientes de un tamaño superior al de un vaso de agua, un orificio es insuficiente.
Tamaño
Se recomienda utilizar una maceta del doble o triple del tamaño en el que viene la planta. Esto permite que permanezca allí varios años sin que luzca exagerada. Sin embargo, el resultado final dependerá de la especie.
Por ejemplo, una cyca (Cycas revoluta), planta de estructura similar a una palmera, es de crecimiento lento. Entonces, puede mantenerse en su nuevo recipiente unos diez años. Mientras que especies de desarrollo más rápido, como el oleo (Ligustrum japonicum ‘Texanum’), arbusto de pequeñas y perfumadas flores blancas, requerirán ser pasadas a una maceta más grande aproximadamente cada tres años —esto se relaciona con el tamaño en que se lo compró—.
Material
El material de la maceta influye en el manejo del agua. Un ejemplo clásico es el que compara las macetas de plástico con las de terracota: las primeras son impermeables, mientras que las segundas son porosas, por lo que el agua del sustrato se evapora más rápido. Ya sean de cemento, fibrocemento, madera, fibra de vidrio, cerámica, terracota esmaltada o metal, todas presentan distintas ventajas y limitaciones que deben evaluarse más allá de la estética.
Color
Se puede elegir el color de la maceta según la zona donde se vive, y ayudar así a que la planta tenga un mejor desarrollo. Los colores oscuros, como el negro y el marrón, absorben más radiación solar. En consecuencia, la maceta se calienta con rapidez y transmite ese calor al sustrato. Tengamos en cuenta que esto puede provocar que las raíces sufran estrés térmico y se incremente la evaporación del agua: son más adecuadas para zonas frías.
Por el contrario, los colores claros, como el blanco y el beige, reflejan mayor parte de la radiación. Dichos tonos ayudan a mantener el sustrato más fresco y a reducir la evaporación del agua: estas macetas son sugeridas para zonas en las cuales las temperaturas suelen ser muy altas.
Sustratos: por qué no usar tierra del jardín
En una maceta debe utilizarse un sustrato especialmente formulado para el tipo de planta elegida, no emplear tierra (suelo) del jardín. Esta última suele compactarse, lo que dificulta el drenaje y limita la oxigenación de las raíces.
Dentro de las otras ventajas de los sustratos específicos está el ser formulado con el pH adecuado para cada tipo de planta, lo que facilita la absorción de nutrientes. Para balcones y terrazas, sitios donde el peso juega un papel importante, presentan, además, la ventaja de ser más livianos. Los sustratos para plantas acidófilas, como la azalea (Rhododendron x hybridum), suelen ser aún más livianos.
Cómo armar correctamente una maceta
En plantas de corta permanencia en el recipiente o de porte pequeño —como los florales de estación—, es frecuente que sea suficiente una maceta con varios orificios de drenaje y un sustrato adecuado para esa especie.
Sin embargo, cuando hablamos de ejemplares de mayor porte, que estarán además varios años en esa maceta —como los árboles—, se recomienda asegurar que un drenaje óptimo de duración prolongada. Además de confirmar varios orificios, a continuación, se colocará una capa de piedras livianas —ideal: pometina—; luego, una tela geotextil para evitar que las raíces tapen los agujeros de drenaje. Finalmente, dispondremos el sustrato y la planta.
Cuidados básicos de las plantas en macetas
Una vez armada la maceta, los cuidados cotidianos determinan su evolución. Si bien estarán relacionados con las características del ejemplar elegido, existen ciertos puntos a los que se le deberá prestar especial atención.
Cuándo regar
Las plantas en macetas necesitan ser regadas. Esta es una de las grandes diferencias con aquellas que se ubican en el suelo, ya que muchas, como es el caso de los árboles, una vez aclimatadas, no suelen requerir riegos. La periodicidad del riego estará determinada por diversos factores, uno de ellos es la especie. Por ejemplo, los cactus van a requerir menos agua que un floral de estación.
Cambio de maceta y señales de estrés
La presencia de raíces que sobresalen por los orificios de drenaje indica la necesidad de pasar esa planta a una maceta más grande o al suelo. Por otro lado, si la planta lleva mucho tiempo en esa maceta, una floración inesperada puede ser una respuesta al estrés por falta de espacio en el contenedor o el agotamiento de los nutrientes del sustrato: “cree” que va a morir y es su intento de perpetuar la especie.
Macetas: criterio antes que tendencia o moda
A lo largo del tiempo, distintos materiales dominaron el mercado de las macetas. En estos momentos, por ejemplo, son tendencia las rotomoldeadas —previo a ellas, estuvieron de moda las de fibrocemento, por unos diez años—. En la Argentina, estas variaciones suelen responder más a contextos productivos, comerciales y estéticos que a mejoras sustanciales para la planta.
Más allá de las tendencias y las modas, la elección de las macetas debería basarse en criterios funcionales y en su integración con la arquitectura del espacio, ya sea doméstico o laboral. Resuelto esto, las plantas vivirán con salud por años; así aportarán belleza y una mejor calidad al entorno.
