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31 marzo, 2026

La “adicción al sexo y al amor”: un debate clínico sobre comportamientos compulsivos

El nuevo libro de Elizabeth Gilbert reaviva la discusión sobre conductas sexuales y románticas compulsivas. Expertos analizan si se trata de una adicción propiamente dicha o de un trastorno del control de impulsos, en un tema aún no reconocido oficialmente por los manuales diagnósticos.

En su último libro de memorias, la autora Elizabeth Gilbert se describe a sí misma como una persona con una conducta compulsiva hacia el sexo y el amor. Su relato detalla una relación intensa y de codependencia, marcando un contraste con su obra anterior más conocida. Este caso pone sobre la mesa una pregunta recurrente: ¿cuándo una conducta sexual o romántica se convierte en un problema de salud?

Aunque existe toda una industria de tratamientos y grupos de apoyo dedicados a la “adicción al sexo y al amor”, este no es un diagnóstico reconocido en psiquiatría. El manual DSM-5, utilizado por los profesionales de la salud mental, excluye las compulsiones sexuales del capítulo sobre adicciones, citando evidencia científica limitada. En su lugar, se habla de “disfunción sexual no especificada” o, en la clasificación de la Organización Mundial de la Salud (OMS), de “trastorno de comportamiento sexual compulsivo”.

“Hay una enorme controversia en torno al término”, explicó Anna Randall, terapeuta sexual. Los expertos a veces utilizan frases como “conducta sexual fuera de control” para describir estos patrones, que se caracterizan por una incapacidad para controlar impulsos o deseos sexuales intensos y repetitivos.

De manera similar, la llamada “adicción al amor” no es un diagnóstico clínico, pero se usa informalmente para describir una preocupación intensa o dependencia de las relaciones románticas. Quienes se identifican con esto suelen obsesionarse con una persona específica, fantaseando con que esa relación resolverá todas sus necesidades.

Los especialistas señalan que estas compulsiones, aunque se sientan incontrolables, pueden ser un síntoma de problemas subyacentes. “Podrían ser una forma de lidiar con conflictos interpersonales, traumas pasados, aburrimiento o dolor emocional”, afirmó Randall. También pueden estar asociadas a otros trastornos, como el trastorno obsesivo-compulsivo o el TDAH, que dificultan el control de impulsos.

Algunos terapeutas, como Silva Neves, vinculan estas conductas problemáticas en la adultez con posibles “lesiones de apego” en la infancia, relacionadas con traumas como el abuso o la negligencia.

En definitiva, más allá de la etiqueta diagnóstica, los expertos coinciden en que los síntomas son reales y pueden causar un malestar significativo, afectando el funcionamiento diario de las personas. El debate sobre su inclusión en futuras revisiones de los manuales diagnósticos continúa abierto.

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